Tears in rain

Hoy me operan. Me hacen una exodoncia cordal. Vamos, que me quitan dos muelas del juicio que tengo enterradas. Es una cirugía sencilla (y asquerosa, he visto cómo se hace en youtube) que no dura más de media hora si no hay complicaciones y que en principio se realiza con anestesia local aunque la general no está descartada. Salí así de tranquila de la consulta del maxilofacial porque lo pintó todo muy fácil, pero después me llamaron del hospital donde me lo hacen para hablarme de ir en ayunas, de ingresar 4 horas antes de la intervención y brotó en mí un cosquilleo de angustia que crece a medida que se acerca la hora H (faltan 1 hora y 45 minutos). La señorita que amablemente me  citó por teléfono no supo explicarme el motivo de que tenga que pasar allí metida las que, cada vez más,  me parece que pueden ser las últimas 4 horas de mi vida. Y es que cuando una se convierte en madre, de repente asume que lo que ha traído al mundo es su legado y ello te encara como nunca antes al hecho de que tu vida algún día terminará.

Quieres ver crecer a tu pequecho y sientes impaciencia por ciertos momentos que otros ya disfrutan y a ti te tardan…¿Cuándo caminará? ¿Cuándo me dirá mamá? ¿Cuándo entenderá lo que le digo? ¿Cuándo… el cole, los amiguitos en casa, la primera novia, la graduación, los nietos? Imaginar el curso de su vida es imaginar el de la tuya, solo que en esa estampa él florece mientras tú te marchitas.  Inevitablemente las fotos en las que sales con él en la playa te recuerdan a las que tienes, en la misma playa, sólo que en color sepia, de tu infancia junto a tu madre. Y mi madre, ya no está.

Esta noche a Bolipan le ha despertado su catarro muchas veces y al final ha llorado porque no conseguía dormirse. Después de una hora de tos y contorsionismos varios, resulta que sólo hacía falta que lo cogiese en brazos para que se fuese la tos y viniese Morfeo.

Aunque ya es la tercera noche sin pegar ojo  y me caía de sueño, estiré un buen rato aquél momento antes de volver a dejarlo en su cuna. Le acariciaba el pelito, le besaba en la boquita y le preguntaba si me recordaría en el caso de que yo, repentinamente, le faltase. Si sabría dormirse  en otros brazos… Lo segundo puede, lo primero, seguro que no.

Al parecer somos incapaces de recordar nada anterior al tercer año de vida así que si hoy no salgo viva del quirófano, él solo sabrá de mi lo que otros le cuenten. Ese es uno de los motivos de que exista este blog que nadie lee y que tarde y torpemente actualizo, dejar un pequeño rastro, just in case. El otro motivo es recordarme yo, que probablemente veré algún que otro amanecer más y hoy sólo vuelva a casa con los mofletes como los de Quico. El tiempo con mi peque vuela  y lamentablemente (o no) el  futuro se va haciendo presente y  el presente se va haciendo pasado.

Asumo la tragedia de la muerte como algo que tiene que llegarnos a todos, pero me resisto a la tragedia del olvido. Mi legado genético es Bolipan, aunque admito que eso por sí solo no tiene mucho mérito así que espero dejar algún que otro rastro más de mí en las cosas que estoy deseando enseñarle y que, de alguna forma, llegarán también a otros.

Esas cosas y este blog son mi forma de rescatar aunque sea unas pocas lágrimas de ésas, de tristeza y de felicidad, que se nos pierden en la lluvia.

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Apego

Cuando tienes un bebé, eres un cóctel hormonal altamente inestable. Conozco a mamás que no hacían más que llorar, otras que se ahogaban en un vaso de agua, otras que se convertían en gerreros súper saiyan si decías que su niño tenía las orejas de soplillo de su padre…Yo era feliz.

Mi peque vino al mundo de madrugada, y ya había empezado a anunciar su salida la madrugada anterior , aunque luego se hizo de rogar. Nos quedamos a solas con él en la habitación hacia las dos y pico de la mañana y a pesar del agotamiento del parto y del sueño atrasado, yo no pude pegar ojo. Le miraba todo el rato temiendo que si dejaba de vigilarle, dejaría de respirar. Cada vez que hacía el más mínimo ruido me incorporaba para cogerlo, si se quedaba dormido en el pecho, ahí lo dejaba, hasta que me dejaba de circular la sangre por los brazos y más. A las 6 de la mañana empezó la ronda de las enfermeras, vinieron a levantarme, a explicarme cómo tenía que cuidar la cicatriz de la episiotomía y a hacerme curas. Mi suegra no llegó más tarde de las 9 y no creo que tardase más de media hora en decirlo. -No tengas al niño todo el rato en el colo (en galicia se llama así al regazo) que después se acostumbra!!

Mi imperturbable felicidad me impidió soltarle un responso, me limité a sonreír hipnotizada por la oxitocina, pero lo que acababa de escuchar me pareció la tontería más grande que había oído nunca. Además ¿Qué pasa si se acostumbra? ¿A los demás qué carajo os importa para estar dando por saco con esa cantinela cada vez que oso coger a un bebé indefenso cuando llora? A todo el mundo le encanta opinar sobre lo que tienes que hacer para criar a TU hijo, aunque alguno/a tenga a los ángeles del infierno en su casa o, lo que es peor, no tenga siquiera hijos. Mi hijo no molesta a nadie en mis brazos, soy yo en todo caso la que se cansa, entonces, ¿cuál es el problema? Seguramente la gente sólo pretende ayudar, pero entonces ¿por qué no he escuchado consejos sobre qué tipo de ropa y de qué talla tenía que comprar?, ¿por qué nadie me dijo que la bañera que había elegido sólo me serviría 3 meses?, ¿dónde estaban las aconsejadoras cuando puse un móvil de cuna que no vale más que para estorbar cuando acuestas y levantas al bebé? Todas las mamás primerizas necesitamos consejos, consejos prácticos, no que nos jodan la maternidad haciéndonos sentir culpables por proteger demasiado a un ser que lo único que necesita es alimento y contacto físico. Gracias.

Bolipan tiene ya 15 meses y en todo ese tiempo le he cogido las veces que me ha dado la gana, las que él me pedía y las que necesitaba yo. Tardó algunos meses en ajustar su sueño a nuestro horario y he repulido el parquet de mi casa paseándolo en brazos cantándole de todo menos nanas, que no me sé ni la primera. He comido con él en el pecho, tanto en mi casa como en sitios públicos; he trabajado sujetándole a él con un brazo y arrastrando el ratón del ordenador con el otro; he pasado el aspirador; podado plantas; llenado el lavavajillas; cocinado y hasta hecho pis, con él en el colo (y no es nada fácil subirse las bragas con una mano). Más de una vez, he llevado la mochila portabebés por casa para poder tener las manos libres sin tener que soltarlo.

Hoy se duerme solito sin pedir que lo cojas (aunque sigue teniendo la cuna en nuestra habitación y no, eso tampoco me supone un inconveniente) y hasta dejó la lactancia materna a los 12 meses por voluntad propia, así que no se ha infectado de la “terrible” mamitis. Es un bebé confiado, no hizo falta hacer el rollo ese del período de adaptación de la guardería porque se va con cualquiera. Incluso cuando en Halloween, la profe salió a recibirlo vestida de bruja, con la cara verde y una peluca negra horrorosa, se fue con ella sin apenas extrañarse.

Es cariñoso a más no poder, da besos babositos y abrazos fuertes que termina con un suspirito que te derrite el alma. Te sonríe con los ojos, salta sobre ti y hasta te hace pedorretas. Ha habido momentos en que ha sido complicado, porque resulta que Bolipan se ha ganado su mote a base de rondar el percentil 97 de talla, y cuando ibas por el cuarto bis de “Os Pinos”, tu espalda parecía la de Frida Khalo, pero… ¿Y qué? Si cuando alguna vez me despierta a las 4 de la mañana soñando con el señor Gru y sólo se calma en mi regazo, sólo puedo pensar en cómo echaré de menos esos bracitos alrededor de mi cuello el día que se haga mayor y ya no necesite a su mamá.

 

 

 

Perseverancia

A algunos les sale un niño tranquilote, de esos que se quedan sentados cuando les mandas (y cuando no), que no protestan, pillan las prohibiciones a la primera y cooperan con el pediatra en las revisiones. Como se dice en mi tierra “guiadiños”. A mí me tocó Bolipan.
Guapo es a rabiar, y cansino…el que más. Acaba de cumplir 15 meses, así que no es que se dedique a hacer el mal, es más, sus profes de la guarde dicen que es un terremoto, pero muy bueno. Como un conocido dice que todo lo que va después de un pero vale su peso en mierda…diremos que es muy bueno, pero un poco terremoto.

Tiene una personalidad rayana en lo obsesivo. Si quiere coger el vasito del flan que te acabas de comer y que has dejado apoyado en el brazo del chaiselongue del sofá, el primer paso es subir al sofá, gatear por encima de ti y estirar la mano par cogerlo. Ahí entras tú diciendo: Con esto no puedes jugar, que lo emporcas todo. Coges el vasito y lo pones en el lado opuesto más alejado al que llegas sin mover el culo. Entonces Bolipan te mira, mira al vaso, y va a por él. Baja del sofá y da dos pasitos. Cuando está a punto de cogerlo se lo quitas y lo vuelves a dejar en el brazo del sofá. -Que no!

Entonces  mira al vaso y calcula una nueva estrategia. En vez de pasar por encima de mamá voy a bordear el chaiselongue por delante. Fácil. El chaiselongue está pegado a una columna de la pared y queda un hueco de 20 centímetros por el que avanza de lado, silencioso como un zorro, sin quitarte ojo hasta que, estirando la mano, llega al vasito. Yo sigo a mi capi de Scandal y todo esto lo controlo con el rabillo, que las madres tenemos un ángulo de visión lateral de 205º, como los gatetes. Cojo el vaso y lo vuelvo a dejar en el cojín. Bolipan se desencaja del hueco de la columna y vuelve a por él, esta vez dando una vuelta a la mesa del salón, para disimular. -Ríndete, pesao, que no es para jugar. Suspira y se va diciendo ta-ta-ta-taaaaa, pero es todo una maniobra de distracción porque lo que va a hacer es ir por detrás del sofá y atacar from the rear.

A partir de aquí ya no hay más formas de hacerse con el vasito sin ser ninja o volar, así que se trata de repetir todas las estrategias de forma aleatoria hasta que bajes la guardia o te levantes a tirar el vasito a la basura. Creer que se cansará es un craso error, antes se rinde el Che que mi Bolipan. Termina el capi de Scandal y has cambiado el puto vasito de sitio 32 veces, así que coges un pañuelo de papel, limpias el caramelo y la cuchara y le dejas que lo coja. Es importante no dárselo directamente y que crea que te lo ha robado porque así ves su cara, con la sonrisa de boca abierta, ojos chinos y nariz arrugada. -Haaaaa.

Puede que para algunos le enseñe a socavar mi autoridad, pero prefiero creer que le enseño perseverancia. Bueno, en realidad, es él quien me la enseña a mí, yo me limito a no coartarla porque, el día de mañana, creo que le irá mejor siendo un tocahuevos que un pringao.